Familias a contracorriente: la historia de Susana, Candela, Franzina, Pau y Daina

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Franzina dice que soñaba con ser mamá desde pequeña. Jugaba a que no tenía marido y que iba con sus hijos a todas partes. Susana dice que nunca se planteó tener hijos, pero en la aldea ocupada donde vivía se maravilló. Los niños hacían, de la naturaleza, su propia escuela. Se hizo una casita de paja y allí nació Candela.

Franzina y Susana dicen que se conocieron por una amiga común y que enseguida crearon una fuerte amistad. Sus proyectos de pareja no funcionaron y ellas, que tenían la responsabilidad de la crianza y la manutención de sus hijos, decidieron iniciar proyectos de crianza compartida junto a otras personas.

Esas personas con las que iniciaron proyectos, dicen, iban y venían, pero ellas permanecían siempre. Así que los niños crecieron como hermanos. Su apoyo mutuo mantuvo su proyecto a flote a pesar de los cambios en las comunidades. Lo que una no podía pagar, lo pagaba la otra, cuando una tenía que trabajar, los niños se quedaban con la otra. Ambas son las madres de los tres, dicen, y se sienten afortunadas por haberse encontrado. Ambas familias viven ahora juntas, en una casa de campo como masoveras.

Dicen que el día a día de las dos familias gira en torno a la educación en la casa que transcurre, sobre todo, en el exterior. Los lunes y los martes van de excursión con otros grupos de homeschoolers. Los miércoles pasan la mañana con caballos y los jueves van con un grupo de niños mayores. Las tardes son para jugar. Ellas mismas, dicen, se organizan para que a las actividades no vayan todas las personas adultas y una vez al mes se reúnen con la coordinadora de familias homeschoolers de Catalunya.

Franzina dice que no siguen el currículum académico, sino que va ofreciendo a sus hijos aquello por lo que más se interesan. Aquello que menos les interesa, trata de ir introduciéndolo en el momento oportuno. Dice Susana que Candela nunca tuvo interés en las letras. Pero cuando le regalaron un libro que tenía impreso el alfabeto, quiso aprender los sonidos. En la tranquilidad de la noche empezó a querer escribirlos. Dice que aprendió a leer y a escribir por sí misma.

En la enseñanza no hace falta dirigir, sino acompañar, dice Franzina. También dice que es imposible que no aprendan si se les da un entorno seguro, cosa que muchos niños víctimas del fracaso escolar no tienen porque tienen que estar ocupados en su supervivencia emocional.

Susana y Franzina dicen que educar en familia requiere mucho tiempo y trabajo, pero que se hace por el placer de acompañar a los propios hijos en su educación. Dicen que los niños no les demandan ir a la escuela; Franzina piensa en ahorrar para, llegado el momento, poder llevarlos a una escuela secundaria libre. Por ahora tienen todo lo que necesitan para aprender: naturaleza, libertad y amigos. Teniendo esas tres cosas, dice, la vida tiene sentido.

Fotografía: Susana Segovia (Hospitalet de Llobregat, 1975), madre de Candela, de 7 años, y Franzina Balagué (Lleida, 1977), madre de Pau, de 7 años y Daina Selena, de 20 meses. | © Aitor Fernández