Familias a contracorriente: la historia de Jordi, Maria, Janna y Bruno
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—Jordi y yo nos conocimos en el trabajo. La señora de la limpieza hizo de Celestina. Cuando empezamos en serio, decidimos que yo me marcharía del trabajo, ya sabes cómo es la gente.
—Pero en el nuevo trabajo tuvo una mala experiencia.
—Me despidieron por quedarme embarazada de Janna. Así, tal cual. Lo denuncié, gané el juicio, pero me tuve que reincorporar a la empresa. Después de la baja por maternidad empezaron a hacerme mobbing. Tuve que trabajar con esa presión. Decidí recopilar pruebas y volver a denunciar a la empresa.
—La jueza le dio la razón.
—Gané, pero me costó un tiempo volver a trabajar. Tuve que mentalizarme de que aquello no era cosa mía, que yo era apta para trabajar. Lo bueno es que pude pasar más tiempo con Janna.
—Bruno tenía dos añitos cuando lo conocimos. Fue otro regalo de la vida.
—No podíamos tener otro hijo biológico y nos planteamos adoptar. Pero todo eran trabas, los países iban cerrando y nos veíamos luchando mucho tiempo.
—Decidimos ayudar a una familia que no pudiera estar al cien por cien con sus hijos. Le explicamos todo a Janna y estuvo de acuerdo.
—Bruno vivía con una familia de acogimiento de emergencia. Empezamos a conocerlo, cada día un poco. Al cuarto día llevamos a Janna, ¿lo recuerdas, Janna?
—Recuerdo que estuvimos en el parque y fuiste a comprar una bolsa de patatas.
—¡Es cierto! Bruno se moría de hambre…
—La idea era que nos fuera conociendo hasta que estuviera preparado para venir a casa…
—Fue un sentimiento contradictorio. ¡Bruno era tan alegre, pero había tanto caos!
—La familia no lo puso fácil. Era una señora mayor, monoparental. Nos habían marcado cada día las tareas que debíamos ir haciendo, pero ella no lo permitía. Le costó separarse.
—Los primeros meses fueron duros. Álex sufrió mucho estrés. Venía desbordado y sin límites, era muy dependiente de mí. Yo perdí muchos kilos.
—Fue difícil para todos, también para Janna.
—Yo tenía muchos celos de él porque mis padres no tenían tiempo para mí. Pero ahora no lo cambiaría.
—Recuerdo su ilusión cuando le comprábamos una lámpara o una alfombra para su habitación… ¡todo era una celebración!
—Y ahora está muy bien. Hace dos años nos propusieron pasar de familia de acogimiento simple a indefinido porque la situación de su familia biológoica no había cambiado. Nosotros creímos que Bruno no debía vivir más cambios. Bruno sigue viendo a su familia biológica, ¿verdad, Bruno?
—Sí…
—¿Te gusta ir a verlos?
—…Es chulo.
—Le cuesta hablar de ello, pero nosotros lo respetamos. Al principio le costaba entender las visitas, pero ahora lo lleva bien. Siempre lo lleva la misma persona al punto de encuentro, cada 15 días.
—Emocionalmente… Haces planes de futuro, como irte de vacaciones, pero siempre sabes que puedes recibir esa llamada.
—Vives el día a día; te lo tienes que plantear así.
—Janna pasaba miedo cada vez que recibíamos una llamada o teníamos que ir a una reunión. Lo quiere mucho.
—Cuando me dijeron que había llegado la carta del acogimiento indefinido, me puse muy contenta.
—Bruno, cada vez que vamos a hacer algo, pregunta si lo haremos en familia, todos juntos.
—¿Que qué cambiaríamos? A nivel de acogimiento, nos hemos sentido acompañados, seguimos recibiendo visitas de control, hay una ayuda económica aunque es más bien simbólica, pero estamos bien. A nivel de adopción sí que cambiaríamos. Se deberían facilitar más las cosas.
—A nivel social ha sido más duro. Cuando muchas familias se enteran de que tienes un niño acogido, sufres rechazo. Piensan que van a tener problemas. Bruno no recibe invitaciones de cumpleaños de sus compañeros, a pesar de lo bien que se lleva con ellos. Excepto con su mejor amigo, que también es acogido.
—Tiempo al tiempo…
—Yo les explico a mis amigos que tengo dos familias. Me dicen que es raro. Quizá porque ellos no tienen. Excepto mi mejor amigo.
Fotografía: Jordi Torres (Barcelona, 1968), Maria Guerrero (Granollers, 1974), su hija Janna (14 años) y Bruno (7 años), acogido por la familia desde hace 5 años. Los nombres son inventados para proteger la identidad de Bruno. | © Aitor Fernández
