Familias a contracorriente: la historia de Lucía, Nerea, David y Álex

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Cuando tuve a Nerea la gente me juzgaba porque era muy joven y cuando tuve al pequeño me decían:

—No vas a tener más, ¿no?

Debo de tener una imagen de madre soltera irresponsable, con tres hijos de dos padres diferentes. Pero en la vida no se puede saber lo que le ha pasado a alguien.

Yo nunca pensé que podría rehacer mi vida, que ningún chico se quedaría conmigo. Pero mira, aquí estamos Javi y yo, poco a poco, vamos viendo qué pasa.

No está siendo fácil. Al principio los pequeños me culpaban:

—Nos vas a dejar de querer.

—¿Ves como tú has dejado al papa?

Pero yo nunca les había ocultado nada:

—La mama se separó del papa porque a mí no me gusta que me griten ni que me peguen.

La primera vez fue a los cuatro o cinco días de volver del hospital, después de dar a luz a David. Ya había pasado un embarazo muy angustiada. Y al año nació Álex, el pequeño. Ahí me propuse disfrutar el embarazo; creo que ya estaba desenamorada.

Me costó nueve años separarme de Juanjo. Me sentía desbordada con los niños pequeños. Un día Juanjo me tiró una cosa a la cara y me cortó. Mi madre no solía venir sin avisar, pero ese día se presentó en casa y, como tenía llaves, entró y se encontró la escena. Fue el día que decidí dar el paso de separarme.

Y sí, ya no me pegaba, pero empezó a perseguirme y a utilizar a los niños en mi contra:

—Por culpa de mamá ya no somos una familia.

Me perseguía, no podía salir con chicos y me enviaba hasta setenta mensajes diarios. Me acostumbré a vivir así. Pero un día entré en mi portal y me encontré el buzón destrozado. Le denuncié y entonces fue cuando dejé de tenerle miedo.

Yo no he sido consciente hasta hace poco del daño que les ha supuesto a mis hijos todo esto. Como eran pequeños parecía que no se enteraban, pero lo llevan ahí, te lo aseguro. Lo llevo todo sola, la economía, la logística, todo, pero mi verdadera dificultad no es esa. Álex llegó a insultarme y a pegarme. Eché mano de psicólogos y me fue bien. Ahora tienen herramientas para librarse de esa presión.

También he aprendido a poner límites y obligaciones en la casa. Porque yo salgo de casa a las siete, entonces tenía que venir una canguro una hora a ocuparse de los chicos, pero tenía que estar contando las horas que podía pagar y ahora se ocupa Nerea.

Cuadrar médicos o fines de semana es una locura. La conciliación no existe: las empresas no lo hacen porque no están obligadas a hacerlo. No tengo mucho rato para ellos, por eso reconozco que les dejo que se acuesten un poco tarde.

Ahora estoy mejor. Hasta cuando Javi se queda en casa a veces tengo un rato para mí y me puedo tumbar en la cama un rato a mirar Instagram. Ojalá estemos siempre así, bien, que sigan creciendo y me expliquen las cosas que les preocupan.

Fotografía: Lucía Acosta (Barcelona, 1980), madre de Nerea, de 12 años, David, de 8, y Álex, de 7 [nombres inventados a petición de la familia] | © Aitor Fernández