Familias a contracorriente: la historia de Irene, Dani, Naia y Laquim
Dani
Cuando nació Naia me sentí afortunado pero también desbordado. Creo que todo padre tiene un punto inconsciente en hacer algo así porque no sabes bien lo que comporta. Irene y yo éramos muy diferentes. Y un hijo separa a las parejas si no hay un buen equipo. Cuando nació Laquim, lo que ya no funcionaba acabó explotando, y a los 10 meses decidí separarme.
Naia sintió la separación. Es una niña extremadamente responsable e inteligente y se preocupa en exceso por los demás. Laquim es el polo opuesto, ¡tienes que perseguirle para que haga las cosas!
Al año de nacer Laquim empezamos a detectar que se ponía camisetas en la cabeza haciendo como que tenía el pelo largo. Veíamos que hacía cosas que, lo digo vulgarmente, se le asignan a las niñas, como pintarse las uñas o disfrazarse de princesa. A los dos años y medio empezó a decir que quería ser una niña.
Yo llevo un año investigando el tema del género en la infancia y no hay mucha información al respecto. Somos las propias familias las que estamos viendo cómo actuar. Hay quien dice que hay que cambiar el género rápidamente, pero mi opción es dar todo el tiempo del mundo para que ella investigue y fluya.
Lo que sí me duele es que con cuatro años empezó a recibir violencia en la escuela. El otro día un niño le dijo que si decía que era una niña le pegaba un puñetazo. Lo bueno es que Laquim tiene un entorno espectacular y mucha fuerza para tirar adelante, aunque no dejan de preocuparme los problemas psicológicos que puedan derivar de esto.
Naia ha aceptado todo con gran entereza, pero tengo la sensación de que está cansada de escuchar hablar siempre de este tema. Por su carácter se autoexige demasiado y yo creo que tiene que soltar. La estamos llevando a un psicólogo, para que le dé herramientas, pero yo creo que deberíamos de protegerla un poco más de todo esto.
Irene y yo seguimos teniendo discrepancias, pero siento que estamos haciendo un buen trabajo. En mi vida personal yo ahora me siento muy feliz, estoy con una persona con la que formo un buen equipo y creo que también es una buena referencia para ellas.
Irene
Siempre habíamos visto cosas. Un día Naia me dijo: “Mama, ¿tú no crees que quiere ser una niña?”. Cuando tenia 2 años, una noche, en la bañera, lo verbalizó. Yo le contesté sin pensar: “Cariño, eres un niño, tienes pene”. Lloró y algo se rompió en mí. Me pasé toda la noche investigando en Internet. A la mañana siguiente me disculpé y le expliqué que también habían niños con vulva y niñas con pene.
La primera asociación que contacté me dijo: “Tienes una niña, pregúntale el nombre que quiere y empieza a tratarla como tal.” A Dani y a mí en aquel momento nos pareció precipitado, ya que entre lo únicamente masculino y lo únicamente femenino hay más posibilidades.
En Transfamilias Barcelona y en Trànsit, el organismo del Institut Català de la Salut, nos informaron mejor. Nos dijeron que le acompañáramos en su fluir, a su lado, que no fuésemos ni por delante ni por detrás.
Llegó Carnaval y decidió vestirse de Blancanieves. A la semana me dijo: “Mamá, quiero que me trates como una niña, quiero llevar vestidos y coletas”. Después de informar a Dani, así lo hice. Al día siguiente fue al cole con vestido y coletas y yo con un nudo en el estómago. En el camino exclamó: “¡Qué día tan bonito!”.
A partir de ese día y gracias al apoyo escolar vimos una transformación: se volvió una niña abierta y feliz. Un año después quiso “feminizar” su nombre.
Cuando nos separamos Dani y yo, Laquim tenía 14 meses. Una vez superada la sorpresa y el duelo, busqué y encontré una nueva vida y modelo familiar (mis hijas y yo) que me hacía feliz como no lo había sido antes, ya que era una persona liberada y una mujer empoderada.
Con Dani gracias y a pesar de nuestras diferencias, intentamos llegar a acuerdos respecto a nuestras hijas y tener una relación correcta porque queremos lo mejor para ellas.
Hago lo posible por educarlas en valores que rompan los estereotipos binarios y heteropatriarcales, celebrando la diversidad y el autoestima. Pero respeto la necesidad actual de Laquim de sentirse y mostrarse “hiperfemenina”, acompañándola en su fluir, junto con el apoyo ejemplar de Naia.
Con otras familias fundamos Transfamilias Sabadell, una asociación que nos ayuda a informarnos, a compartir, a apoyarnos y a luchar por los derechos del colectivo LGTBI+.
Lo primero que aprendí cuando empecé a informarme es que trans significa fluir. Creo que las personas deberían ser exclusivamente ellas mismas las que decidieran cuándo y cómo son y sienten.
Fotografía: Daniel Marco (Barcelona, 1982), Irene Salmerón (Sabadell, 1977) y sus hijas Naia (8 años) y Laquim (4 años) | © Aitor Fernández
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